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Sabines Guerrero, el bastardo

Decía Nelson Mandela que la pobreza no es natural, ya que ésta es creada por el hombre, aunque a ello habría que agregarle que esos ‘hombres’ son los funcionarios de hoy que engordan sus alforjas dejando a los pueblos en la miseria y sumidos en deudas que resultan eternas.
En este caso encaja a la perfección el ex gobernador Juan Sabines Guerrero, un personaje ávido de poder y riquezas, lleno de rencores, y con un vacío digno de la deshumanización.
La gente que lo conoce de cerca señala que el apellido Sabines ha perdido ese prestigio que le dieron dos grandes chiapanecos: Juan y Jaime Sabines. El primero un político prolífico, siempre listo para tender la mano a quien lo necesitara; el segundo, un hombre de letras, el poeta chiapaneco por excelencia.
Ambos luchando por dejar como un legado a Chiapas lo mejor de ellos y forjando con su trabajo y esfuerzo su apellido, el mismo que usaría el ex gobernador para alcanzar el poder y acabar con el legado, saqueando al estado y pasando a su cuenta personal el dinero del pueblo, dejando a Chiapas sumido en la miseria.
Ni imagen ni semejanza
Sabines Guerrero no tiene nada de Sabines. Su rostro cínico, su desfachatez, su descaro, su ambición lo sacan de ese lineamiento ético y profesional que siempre buscaron Sabines Gutiérrez y Jaime Sabines.
Su padre –al menos es lo que el político doctor en mitos revelaba- siempre habló de Chiapas con amor, siempre buscó hacer de Tuxtla Gutiérrez una ciudad progresista con miras a un futuro promisorio. Muchos años después su “hijo” Juan Sabines se guindaría de ese factor de lealtad que siempre se mantiene vivo en la gente y llegó a la gubernatura, dejando en seis años un Chiapas agonizante y su gobierno catalogado como el más corrupto de toda la historia política de la entidad.
Mientras que con Sabines Gutiérrez Tuxtla avanzaba y los alcaldes trabajaban, hombro con hombro, para superar las problemáticas que aquejaban a los municipios, Sabines Guerrero usó a los 122 ayuntamientos para saquearlos y dejó a muchos ediles en problemas serios.
El hoyanco en el que se encuentra sumido Chiapas parece no tener salida. El comparativo que otrora hiciera la prensa con el robo que hiciera Moreira en Coahuila parece quedarse corto, cuando salen día a día nombres de empresarios de Colombia, Estados Unidos y España, más los de otros estados de México a los que Sabines Guerrero bendijo y otorgó prebendas a diestra y siniestra, repartiendo el dinero del pueblo al mejor postor.
Sabines Guerrero se ha convertido en una vergüenza para su propia sangre. Su mismo hermano, Julio Sabines Chesterking, hijo del exgobernador Juan Sabines Gutiérrez (1979-1982) y de  Carolina Chesterking, habría señalado hace un mes y medio que lamentaba “que como consecuencia de la administración del gobierno estatal de Chiapas 2006-2012, se pretenda popularizar el uso de mi apellido, el de toda una familia, como verbo… verbo utilizado como sinónimo además de grandes defectos”.
Radiografía de un malagradecido
¿Para quién es desconocido que Sabines Guerrero llegó a Chiapas con una mano atrás y otra adelante? ¿Quién no sabe que buscaba a algunos empresarios que lo consideraron un amigo de Chiapas para que le financiaran el desayuno en el restaurante Flamingos y le regalaran unos pesos para que tuviera quedarle de comer a su gente? ¿Quién no lo vio caminar por las calles ahogado de alcohol, como una persona común, sin el ego y la opulencia que ahora ostenta en Acapulco?
El poder corrompe y la deshumanización más. A Sabines Guerrero lo consumió su hambre de poder, su visión de haber estado comiendo gracias a sus amigos (a quienes persiguió y les quedó a deber miles de pesos cuando le brindaron servicios profesionales a su gobierno) y de pronto verse con el control de Chiapas en sus manos.
La historia de Juan Sabines Guerrero está basada en la traición a sí mismo, a su gente, a su partido –el PRI- que lo hizo político sin tener la madera ni la capacidad y a sus amistades. La cúspide de su mal gobierno se culminó con el encierro de Pablo Salazar, violando esa regla no escrita de los políticos que todo el mundo conoce.
Sabines Guerrero es un bodrio común y corriente. Un mitómano que anhela, por sobre todo, ser un burgués y darse la vida que llevaban en tiempos del porfiriato algunos mexicanos afrancesados. Pero sobre todo Sabines Guerrero es un malagradecido, un individuo que carece de amor y respeto a los demás. Sus seis años en el poder le sirvieron para pasar por encima de quienes se consideraban sus amigos y vengarse de todo aquel que no pensara como él.
Hoy, Chiapas está en quiebra y el Poder Legislativo sigue protegiendo al ex mandatario sin saber por qué. Para nadie es desconocido que Sabines Guerrero endeudó a la entidad con el apoyo y la venia de los legisladores que estuvieron en el Congreso durante su mandato, así como que la actual legislatura sigue poniendo almohadones de plumas para mantener en la nube protectora al peor gobernador que ha tenido Chiapas.

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